lunes, febrero 13
Tropas eficientes... pero insuficientes
Tanto como la crudeza con que el general Guillermo Galván dijo el jueves que "en algunas regiones del país el espacio de la seguridad pública está totalmente rebasado" y que "es menester reconocer que es la seguridad interior la que hoy se encuentra seriamente amenazada", llama la atención el resignado tono de humildad con que pareció atreverse a recordar que "también es lealtad proponer y solicitar respetuosamentereformas al marco legal vigente, con los propósitos de custodiar mejor a la comunidad y preservar la integridad y el prestigio de la institución…".
Se refería, desde luego sin decirlo así, a la infame, cobarde y vilmente postergada Ley de Seguridad Nacional, cuyo proyecto tardó más de un año en el Senado antes de ser debatido, modificado y aprobado para que… la minuta lleve casi dos años congelada en la Cámara de Diputados.
"Custodiar mejor a la comunidad y preservar la integridad y el prestigio de la institución" (y, obviamente, a la Marina Armada de México).
Es el marco legal que la mezquindad legislativa y partidista viene postergando desde hace tres años, como si de lo que se tratara fuese dejar a las fuerzas armadas en riesgo de que los promotores de la claudicación del Estado ante la narcoviolencia monten comisiones y fabriquen acusaciones para juzgarlas por fantasiosas "violaciones sistemáticas" a los derechos humanos y dizque "crímenes de lesa humanidad".
Peor aún: en su indefinición y escamoteo de la Ley de Seguridad Nacional, el Congreso demuestra tanto que no sabe distinguir entre seguridad pública y seguridad interior, como que juntas y por separado les valen punto menos que nada.
Quizá por lo mismo el divisionario general Galván aludió a la irresponsabilidad (¿puro valemadrismo?) de diputados y senadores de manera tan comedida ("… solicitar respetuosamente reformas al marco legal vigente…").
Debió hacer ver, si no con acento enérgico sí con datos precisos, la magnitud del problema que se está enfrentando.
Aportar puntos de referencia tan sustantivos como que la ejemplar Colombia, con 45 millones de habitantes y un millón de kilómetros cuadrados (de los que la narcoguerrilla domina la tercera parte), cuenta con medio millón de soldados y 170 mil policías, en tanto que México, con 113 millones de habitantes y el doble de territorio, compartiendo tres mil 200 kilómetros de frontera con el mayor país consumidor de drogas, tiene un Ejército… poquito más grande que la policía colombiana: de 180 mil elementos mal, injustamente pagados.
Por desgracia, plantear las cosas como son y decirle pan al pan y vino al vino es exponerse a linchamientos públicos.
¿Cuántos abajofirmantes y políticamente "correctos" impulsores de la "desmilitarización" y entreguistas "treguas" y "cambios de estrategia" pondrían el grito en el cielo si el general Galván, además del marco legal, hubiera solicitado respetuosa y suavemente mayores recursos para reclutar, capacitar, equipar y pagar mejores salarios para que el Ejército cuente con otros 300 o 400 mil soldados…?
Josefina
http://www.debate.com.mx/eldebate/Articulos/ArticuloOpinion.asp?IdArt=11781304&IdCat=6115
Josefina
Vázquez Mota ha trabajado en ello durante varios años, pero más en una forma cosmética que en una preparación integral de su persona. Se rodeó de intelectuales y en sus nóminas incorporó a varios, mediante estudios que les encargó. Llevó a uno de ellos, en ese entonces columnista del periódico Reforma, a ser el encargado de revisar los contenidos de sus discursos, y en momentos álgidos del gobierno con La Jornada, en el sexenio de Vicente Fox, pagó suplementos que ayudaron económicamente al diario.
No fue suficiente. Con la mira puesta en la candidatura presidencial, se volvió a rodear de un grupo de intelectuales para que le ayudaran a inyectar contenido en sus palabras. De esa forma estuvieron con ella todo académicos que trabajaron en la coordinación de asesores de Santiago Creel cuando fue secretario de Gobernación, en el equipo pensante de Cuauhtémoc Cárdenas en su último intento por la Presidencia, y en una de las consultorías a las que más recurre el sector privado para análisis político.
Densidad en el discurso es lo que le falta a Vázquez Mota, y llevan meses trabajando sus asesores en darle forma, estructura y contenido. No era tan indispensable en una contienda interna, como en una campaña abierta en busca de electores más allá del panismo. Pero no va a ser suficiente.
La candidata necesita persuadir a nuevos grupos intelectuales en el espectro ideológico lejano de ella, para mostrarla como alguien que va más allá del PAN y que retoma, como ella misma lo ha dicho en varias ocasiones, el hecho que una persona que provino de la ciudadanía pueda transitar exitosamente en la política. "Es importante incorporar a la campaña a intelectuales de izquierda que la fortalezcan ante el electorado", confió uno de sus colaboradores.
Vázquez Mota tiene terreno arado. Cuenta con la simpatía de grupos periodísticos y de intelectuales que han apoyado incondicionalmente a López Obrador, y con el acceso a todos los medios de comunicación, conquista lograda porque, a diferencia de sus adversarios, nunca hay un no para entrevistas, siempre hay disponibilidad para platicar con los medios electrónicos, y le invierte, como solía hacerle Fernando Gutiérrez Barrios cuando era secretario de Gobernación, tiempo en llamar as columnistas y sentarse con ellos para airear sus discrepancias o, algo muy extraño con los políticos, agradecer las menciones positivas sobre ella.
La candidata panista se encuentra en la misma división de profesionales de la comunicación política como López Obrador y Peña Nieto, pero a diferencia de ellos, Vázquez Mota sí conoce perfectamente los medios de comunicación, resultado de su participación cotidiana en un programa de radio cuando lo conducía Herminio Rebollo -hoy su principal operador de medios–, y escribía regularmente en periódicos especializados. Tiene, además, los beneficios indirectos de no ser vista como la heredera del calderonismo y de estar enfrentada a villanas de los medios de comunicación, como la maestra Elba Esther Gordillo, dirigente vitalicia del sindicato de maestros.
El factor mediático es fundamental en esta próxima campaña presidencial, que es muy corta y en la cual López Obrador lleva caminado el país y en exposición pública durante casi 12 años, y Peña Nieto una presencia intensa y masiva durante los seis últimos años. La ventaja sobre de ellos es que su conocimiento nacional es tan elevado, que no tienen espacio para crecer y sí, ante el aparador inmenso en el que se encuentra, caer en las preferencias electorales en función de sus errores. Vázquez Mota tiene el potencial de crecimiento y el margen de error ante el electorado es mínimo porque su discurso es ramplón, sin compromisos con nada y lleno de clichés.
Eso funcionó hasta ahora, pero no le alcanzará para la campaña presidencial. De ahí la necesidad de construirse como una candidata que no solamente escribe libros, sino que los lee y que aprende de la experiencia de elaborarlos. Los discursos y los mensajes no empiezan y terminan con su redacción, sino con el toque de experiencia que aporta quien los pronuncia y transmite. Eso es lo que no tiene hasta ahora, y se lo van a inyectar en las próximas semanas.
Tendrá un espacio en las semanas previas al arranque de la campaña presidencial, donde trabajarán con ella para arroparla de contenido y fortaleza intelectual. Necesita urgentemente esta fortaleza, para evitar que durante la campaña digan, como decían algunos de sus interlocutores parlamentarios que "habla como si de verdad supiera". Vázquez Mota tiene lo que es imposible aprender, la empatía con sus interlocutores a través de un micrófono o una pantalla. Le urge lo que se aprende y adquiere con trabajo y dedicación, que es equipaje y retórica informada. Les ha costado construirla en ese ámbito, de acuerdo con personas que han trabajado cerca de ella, pero hay tiempo. La campaña, aún no empieza.
Tamaulipas: narcopolítica
http://www.vanguardia.com.mx/tamaulipasnarcopolitica-1217401-columna.html
Tamaulipas: narcopolítica
La casa era propiedad de Octavio García, delegado de la policía estatal y uno de los 21 detenidos en el operativo. Las autoridades decomisaron videos y fotografías de fiestas de donde aparecían funcionarios locales, estatales y policías. Ese material, además de grabaciones telefónicas que conectaban a diferentes niveles del gobierno, en ese tiempo encabezado por Tomás Yarrington, los tienen la PGR y la Secretaría de Gobernación.
Yarrington es uno de los tres exgobernadores tamaulipecos que investiga la PGR por presunta relación con el narcotráfico, y cuyo nombre ha dominado las noticias en las 72 últimas horas por la divulgación del testimonio de cuatro testigos protegidos de la DEA en un juicio en San Antonio en contra de Antonio Peña Argüelles, presuntamente su intermediario con el Cártel del Golfo y Los Zetas.
En todo este tiempo, la PGR mantuvo dormida la investigación sobre Yarrington, quien se ufanaba de ser amigo del ex presidente George W. Bush desde los tiempos en que fue gobernador de Texas, y presumía fotografías en cenas en la Casa Blanca. Yarrington se sintió blindado jurídicamente durante mucho tiempo, apoyado por la PGR que llegó a negar acusaciones en su contra, como la del ex diputado local y hoy delegado de la Sedesol en Tamaulipas, Luis Alonso Mejía García, quien dijo que había recibido 80 millones de dólares del narcotráfico para su campaña electoral.
El coordinador del Comité de Financiamiento de su campaña era Eugenio Hernández, quien lo relevó como gobernador. Yarrington aspiró hace seis años a la candidatura presidencial del PRI, y al ser ignorado se volcó al negocio la construcción que, de acuerdo a quienes lo conocen, fue el detonante de una fortuna considerable –dicen sus cercanos-, razón por la cual lo conectan en el juicio en San Antonio con el asesinato del candidato a gobernador Rodolfo Torre Cantú en 2010.
Yarrington, quien se encuentra desaparecido, es visto en el gobierno federal como el mandatario durante cuya gestión Los Zetas crecieron, se consolidaron y se convirtieron en cártel. Hernández, a su vez, es percibido como el gobernador en cuyo mandato el estado perdió el control absoluto de decenas de municipios donde la ley era la del narcotráfico con la complicidad, por comisión o comisión, de él.
Hernández y Yarrington están hoy al margen del PRI, pero Cavazos es número uno en la lista del Senado para Tamaulipas, impuesto por Miguel Ángel Osorio Chong, representante de Enrique Peña Nieto en el partido. El candidato presidencial ha defendido a Cavazos, en cuyo mandato la organización de contrabandistas que construyó Juan Nepomuceno Guerra, evolucionó en el Cártel del Golfo al entrar como nuevo jefe su sobrino Juan García Ábrego, quien contra los deseos de su tío comenzó a traficar con cocaína. En el último año de gobierno de Cavazos, tras la detención de Juan García Ábrego y el breve liderazgo de su hermano Humberto, Osiel Cárdenas tomó el control de la organización y reclutó 30 ex comandos de élite del Ejército, que crearon Los Zetas.
La PGR tiene en el expediente los detalles de la historia del Cártel del Golfo y Los Zetas aparejada a la narcopolítica, pero no ha formulado las acusaciones contra de los tres ex gobernadores indiciados. La DEA la ayudó significativamente y Peña Nieto patinó al sugerir que el gobierno de Estados Unidos se había prestado a una manipulación del gobierno de Felipe Calderón. En todo caso, la narcopolítica en México regresa a ser un transfronterizo, que no se resolverá este año, pero que sin duda tendrá un impacto en la campaña presidencial.
rrivapalacio@ejecentral.com.mx
twitter: @rivapa
El Día del Amor.
http://www.jornada.unam.mx/2012/02/12/sociedad/036o1soc
El Día del Amor
Llueve otra vez. Sandra corre a guarecerse bajo la marquesina de una tienda departamental y mira hacia la avenida. Por todas partes descubre carteles con propaganda política. Le disgusta ver las mismas caras sonrientes, las mismas frases que prometen soluciones mágicas a la violencia, la miseria, el desempleo.
Para no seguir leyendo falsas promesas, Sandra se vuelve hacia el aparador rebosante de cupidos, adornos de encaje, corazones rojos y frases alusivas al amor y la amistad. La fecha le brinda un buen pretexto para regalarle algo a Demetrio. Antes no necesitaba excusas, pero desde que su marido perdió el trabajo y la esperanza de conseguir otro le tiene prohibidos los obsequios.
Ya bastante lo humilla que Sandra tenga que mantenerlo como para aceptar que también invierta su dinero en comprarle regalos con motivo de un aniversario y menos aun si es para celebrarle su cumpleaños. A Demetrio el tiempo se le ha vuelto un enemigo mortal que lo obsesiona. A cada momento repite que entre más tiempo pase más lejos está de conseguir un trabajo y de recuperar todo lo que perdió al verse desempleado.
La prohibición fue causa de disgusto y de un pleito conyugal que casi llegó a los golpes. Sandra no quiere que la escena se repita y por eso siempre que compra algo para Demetrio pide que se lo envuelvan en bolsas comunes que no hagan pensar ni remotamente en un obsequio. Gracias al ardid, su marido acepta sin protestar ropa interior, calcetines y otras cosas prácticas.
Esta vez Sandra quiere que todo sea distinto. Decide halagar a su esposo regalándole el Día de San Valentín algo de lujo que lo haga sentir como lo que es (un profesionista) y le despierte el entusiasmo por verse bien, como en otras épocas. Sandra daría cualquier cosa porque sus hermanas o sus compañeras de trabajo le provocaran pequeños arranques de celos repitiéndole lo que siempre decían:¡Qué guapo es tu marido!
A su 45 años Demetrio sigue siendo un hombre apuesto a pesar del adelgazamiento, la barba descuidada y las bermudas que se pone mientras atiende los asuntos de los que se ocupaba Sandra antes de emplearse en una fábrica de dulces: esperar el gas, poner la basura en bolsas, sustituir un foco, meter la ropa en la lavadora. Al súper sigue yendo Sandra los domingos por la mañana. Demetrio no acepta acompañarla. Aunque pague con su tarjeta, lo humilla saber que su esposa terminará cubriendo el adeudo a fin de mes.
II
Sandra entra en la tienda departamental. La encuentra repleta de compradores ansiosos. La mayoría se dirige a los botaderos en donde hay montañas de regalos ya envueltos, con los precios marcados en cartulinas visibles sobre las que vuelan, colgados del techo, cupidos blancos de mejillas sonrosadas.
Sandra se encamina a los mostradores. Se detiene frente a uno lleno de joyas falsas y vistosas. Estira la mano para tomar unos aretes de corte antiguo al mismo tiempo que los elige un hombre de piel tersa y polveada. Él retrocede con un gesto galante y Sandra le dice que los tome, sólo quería verlos, no va a comprarlos. El desconocido, sin mirarla, murmura indeciso: "Pues yo no sé… Las damas son tan exigentes". Sandra evita hacer comentarios y se aleja hacia la sección de ropa masculina.
Se detiene ante el exhibidor de suéteres. Todos le gustan, pero le resultan demasiado caros. Sigue caminando. Una dependienta le sale al paso y le pregunta si busca algo en especial. Sandra le responde que sí y se siente halagada cuando la muchacha continúa el interrogatorio: ¿Es para su novio?
No, para mi marido
. La dependienta le informa que acaba de llegar un lote de magníficas prendas españolas a muy buen precio.
Sandra se deja conducir hacia la vitrina de camisas. La empleada elige varias y las coloca sobre el mostrador:¿Su esposo viste serio?
Más o menos
. ¿Qué talla es él?
De cuello, diecisiete y medio
. "¿Y el largo de la manga? Tenemos tres…" Sandra se avergüenza de ignorar qué medida corresponde a los brazos de su marido. Ante la insistencia de la muchacha, escapa hacia el departamento de joyería.
La sorprende ver que el desconocido sigue allí, analizando los aretes falsos de corte antiguo con expresión de valuador. Él, al verla, le confiesa que aún no se decide porque no sabe si le van a gustar a su mujer. Ella lo anima, le dice que son divinos, aunque un poco largos, y le pregunta de qué estatura es su esposa. Al hombre se le humedecen los ojos y la piel: En realidad son para una amiga. Es un poquito más alta que usted. ¿No sería mucha molestia..?
Antes de que él termine la pregunta, Sandra se prueba un arete. El la contempla y al fin le sonríe agradecido: Me los llevo, gracias a usted. Aunque no me lo crea, a un hombre le resulta difícil comprarle regalos a una mujer, sobre todo cuando se trata de una personita muy especial
.
Sandra experimenta una mezcla de ternura y confianza hacia ese hombre de piel tersa y polveada: Ay, señor, dígamelo a mí. Llevo unos minutos dando vueltas y no sé qué llevarle a mi marido
. Una corbata cae bien, siempre y cuando sea la adecuada para la ocasión. Si quiere, la ayudo. Nada más permítame pagar y ver que me envuelvan los aretes para regalo
.
Con un sentimiento de culpa, como si estuviera cometiendo una infidelidad por hablarle a un desconocido, Sandra piensa en salir de la tienda. Cerca hay varias, en alguna encontrará el regalo para Demetrio. Da media vuelta y tropieza con el desconocido que le habla agitado: En el departamento de regalos la fila está inmensa. Mejor envuelvo en otra parte los aretes. A ver, ¿qué dijimos que íbamos a buscar? Ah, sí, una corbata
.
El hombre procede con seguridad y no tarda en elegir una de estilo clásico. Sandra la encuentra más que elegante, ideal para que Demetrio la use el primer día en que lo citen para otra entrevista de trabajo. Pensando en esa posibilidad, apenas se da cuenta de que el desconocido va junto a ella rumbo a la caja y enseguida se despide. No faltaba más, la acompaño
. Ella empieza a sentirse incómoda: Mejor no. Voy al departamento de envolturas y como hay mucha gente de seguro me tardaré. Adiós
.
III
Mientras avanza rumbo a la mesa de envolturas, Sandra imagina la expresión alegre de su esposo cuando el día l4 le entregue una caja envuelta en papel dorado, con etiquetas y un moño rojo. Tal vez le escriba una tarjeta: Para que me sientas muy cerca de tu corazón
. Al escucharla en su interior la frase le resulta demasiado romántica, más adecuada para una novia que para una esposa. Por eso precisamente la escribirá. Quiere que Demetrio la vea como recién llegada a su vida, dispuesta a compartir con él una nueva etapa que será buena.Tiene que ser buena
, murmura mientras consulta su reloj. Se sorprende al ver que faltan cinco minutos para las 7 de la noche.
Toma de su bolsa el celular y marca el número de su casa. Enseguida escucha el tono mortecino de su esposo: ¿Dónde andas?
Sandra procura mantenerse jovial: Haciendo una travesura porque va a ser Día de San Valentín
. No te entiendo
. Te va a fascinar.
Demetrio no dice nada y ella continúa: Sé que te desagrada, pero te compré un regalo para dártelo el martes. Iba a ser una sorpresa. Te conozco y me imagino que querrás saber de qué se trata. Voy a decírtelo. Te advierto que tendrás que esperarte hasta el l4 para verlo. ¡Te compré una corbata preciosa!
La expresión alegre de Sandra se borra ante el comentario de su esposo:Debiste comprarme un mecate para ahorcarme. Te habría resultado más barato y yo te lo hubiera agradecido más
. "Pensé que te iba a dar gusto. No entiendo… ¿Qué te pasa?" Que estoy harto, ya no soporto esta situación. Un día más sin trabajo y te lo juro: me pego un tiro
. Demetrio cuelga.
Sandra se queda mirando atónita su celular. Alguien a su espalda le dice que avance hacia el mostrador. Ella prefiere desistir de la envoltura y abandonar la tienda. En la avenida la lluvia sigue cayendo sobre la gente, los edificios, los coches, la propaganda política basada en rostros sonrientes y frases que prometen, entre otras cosas, solución al desempleo.
“Las mismas manos que abusaban de mí me daban de comulgar”
Collins, tras su conmovedora comparecencia ante líderes de 110 conferencias episcopales. Una mujer agredida a los 13 años narra su calvario ante la jerarquía eclesiástica. La Iglesia mira cara a cara a las víctimas de abusos sexuales. Principales casos de abuso sexual a menores en la iglesia. Mi vida solo cambió el día en que el cura entró en prisión. Ahora ya no está en ruinas"
La señora Collins, ante un auditorio repleto de obispos, bajó hasta el infierno de su adolescencia para luego ir subiendo trabajosamente por los peldaños de una vida rota. No solo, como se encargó de subrayar, por aquel cura joven que por la noche posaba sus manos en su sexo y por la mañana alzaba el cuerpo de Cristo, sino por una Iglesia que durante décadas protegió al criminal y criminalizó a la víctima. "Yo estaba en la etapa más vulnerable de la vida", empezó su relato, "acababa de cumplir 13 años y era una niña enferma en la cama de un hospital. Estaba lejos de mi familia. Y me sentí más segura cuando un capellán católico vino a visitarme y a leer en la noche conmigo. Él ya era un abusador de niños, pero yo no lo sabía. Yo pensaba que un sacerdote era el representante de Dios en la Tierra y de forma automática debía tener mi confianza y mi respeto.
Cuando él empezó a tocarme y a tomar fotografías de las partes más íntimas de mi cuerpo, yo me resistí. Pero me dijo que él era un sacerdote, que no podía actuar mal y que yo era estúpida si pensaba lo contrario… Pero aquello provocó una gran confusión en mi mente: los dedos que abusaban de mí cuerpo en la noche eran los mismos que me ofrecían la sagrada hostia a la mañana siguiente".
Los clérigos, alrededor de 200, que atendían en silencio el relato de Marie Collins tal vez pensaron en ese momento que ya habían escuchado la parte más dramática. Nada más lejos de la realidad. La mujer les hizo ver enseguida —allí, en el centro de Roma, en la sede de la Pontificia Universidad Gregoriana— las consecuencias dramáticas que provocó aquel cura despreciable. "Cuando salí del hospital ya no era la niña confiada, despreocupada y feliz. No me volví en contra de la religión, sino de mí. Pasé mi adolescencia sola para que no descubrieran que estaba sucia". A los 17 años, Marie Collins entró en la primera de sus frecuentes depresiones y tuvo que ser tratada en un hospital. A los 29 años, pese a todo, conoció a "un hombre maravilloso", se casó y tuvo un hijo, pero aquel trauma de los 13 años la seguía persiguiendo. Hasta bien cumplidos los 40 años no se atrevió a acudir a un doctor y contarle su pasado de abusos. El médico le aconsejó que denunciara el caso ante la Iglesia. La señora Collins se lo intentó contar a un sacerdote, pero este no solo no quiso escuchar el nombre del pederasta, sino que la agredió aún más: "Me dijo que lo que había sucedido era probablemente mi culpa. Aquella respuesta me rompió. Hizo que resurgieran en mí los viejos sentimientos de culpa y de vergüenza".
Marie Collins —de depresión en depresión, de hospital en hospital— guardó silencio 10 años más. Solo se atrevió a hablar de nuevo de su caso cuando vio que los periódicos empezaban a sacar a la luz otras historias. "Le escribí al obispo y ahí empezaron los dos años más duros de mi vida. El sacerdote que me había atacado estaba protegido por sus superiores y a pesar de mi denuncia siguió durante meses preparando a niños para la confirmación… Volvieron a atacarme, me dijeron que yo estaba contra la Iglesia, que el caso era viejo, que no sería bueno empañar la reputación del sacerdote…".
La señora Collins logró finalmente que su verdugo fuese llevado ante la justicia, admitiese su culpa y entrara en prisión. "Solo entonces", y lo dijo bien claro ante los representantes de una Iglesia que hasta ahora ha mirado para otro lado, "empezó a cambiar mi vida. Ahora ya no está en ruinas. Tiene sentido y valor".
Aunque el Papa parece dispuesto a luchar contra los abusos, son muchas décadas de silencio y complicidad por parte del Vaticano para albergar demasiadas esperanzas. Sin embargo, el paso es muy importante. Los más altos representantes de la Iglesia convocaron a una de sus víctimas para que les contara en directo el sufrimiento de una vida entera. Y la señora Collins les dijo fuerte y claro que los curas pederastas siguen encontrando cobijo en las sacristías: "Son hombres que pueden cometer abusos durante toda su vida, dejando tras de sí un reguero de vidas rotas". El que tenga oídos, que oiga.
domingo, febrero 12
Matar por celos entre diableros
En la Central de Abasto, donde se comercializan cada día 30 mil toneladas de productos, se entreveran tragedias como la ocurrida en este mes del amor, cuando un carretillero mató a su amigo por la supuesta traición de su esposa.
http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9111373En noviembre de 1982 fue inaugurado sobre 327 hectáreas, en la delegación Iztapalapa, y para dar una idea de la dimensión de este mercado de mayoreo y menudeo, que antes estuvo en La Merced, el Gobierno del DF asegura que representa 51 veces el Zócalo capitalino y que genera un movimiento económico anual de casi 9 mil millones de dólares. Sobre ese espacio de figura exagonal, dice, se mueve cada día un hormiguero de 300 mil personas, entre los cuales transita un puñado de diableros.
Los diableros.
Un mundo aparte.
Desde el amanecer jalan sus carretillas, que alquilan a 20 pesos por jornada, con bultos de mercancías cuyo volumen puede pesar hasta media tonelada, y se mueven ágiles, lanzando silbidos como aviso de que ahí van y abran paso, para lo cual, aseguran, se necesita más maña que fuerza; y muchos de ellos, que apenas ganan un promedio de entre 80 y 100 pesos diarios, rentan cuartuchos en las cercanías de esa construcción proyectada por el arquitecto Abraham Zabludovsky.
En ese submundo, donde no todo es observado por los 700 policías que, asegura la autoridad, se apoyan con tecnología de punta, ocurrió lo que un día tenía que pasar, pues El Oaxaco, de 32 años, ya estaba cansado de que El Soldado, quien, no obstante ser su amigo, cada vez que se reunían a beber y fumar mariguana le restregaba en la cara que no sólo había hecho el amor con una novia suya, sino que ahora lo hacía con la esposa.
Y sucedió en un andén.
Sección de frutas y verduras.
***
El miércoles 1 de febrero, a eso de las 13:00 horas, un grupo de amigos y conocidos, entre los que había carretilleros y un pepenador, se reunieron para degustar tragos y botanas, bajo el puente de la nave S-T de la Central de Abasto, "el mercado mayorista más grande del mundo".
La mayoría aportó una cuota, como siempre, de 20 pesos, mientras otro jaló a comprar lo acordado, y pronto aquello se convirtió en una tertulia a la que también concurrieron algunos que, ciertamente, no cultivaban una gran amistad, o algo parecido, sino simplemente se arrimaron y compartieron el pan, la sal, el trago y, aunque no todos, un carrujo.
Era una convivencia.
Había armonía.
Como siempre.
De repente, sin embargo, dos de los amigos, El Oaxaco y El Soldado, con quienes normalmente se reúnen, comenzaron a pelear, sin dejar de lanzar reclamos, seguidos de uno que otro golpe.
Todo se originó porque El Soldado, quien tenía varios días bebiendo, le volvió a decir a El Oaxaco, hombre de escasa barba, bigotes puntiagudos y carácter agrio, que había tenido relaciones sexuales con su mujer, situación que encorajinó al oriundo de Oaxaca, quien se echó encima del presunto traidor y lo tiró sobre un colchón, donde continuó la embestida, sin ninguna consideración y sin que aquél pudiera incorporarse, por más esfuerzos que hacía, pues traía una borrachera de semanas.
Ahí mismo, sobre la colchoneta, nublado el cerebro por los celos, el alcohol y el humo aspirado del cáñamo índico, El Oaxaco, quien una noche anterior había soportado dichos y bajezas de El Soldado, le aplicó a éste una "llave china", es decir, lo rodeó del cuello y apretó fuerte, y entoncesEl Oaxaco debió sentir los jadeos y estertores de su contrincante, en una pelea ciertamente desigual, pero colmada de ingredientes que uno de los gladiadores dejó que emponzoñaran sus adentros.
Algunos contertulios se alejaron un poco del lugar —otros ya habían emprendido la retirada definitiva— y desde unos 20 metros pudieron observar, no obstante las yerbas que parcialmente obstruían su visión, la forma en que El Oaxaco le arrimaba golpe tras golpe a su rival en amores.
El Oaxaco había acumulado demasiados rencores de horas y días, todo por el amor de una mujer, de modo que los demás pensaron que mejor era abstenerse de interferir, por lo que dejaron correr la reyerta, ahora a prudente trecho, y coincidieron en que los rijosos, como hombres, debían saldar cuentas, y fue así como se convirtieron en meros espectadores.
Pero la cosa se complicó.
Y entonces…
***
La pelea se tornaría corta, es verdad, debido a la fuerza y los puños certeros de El Oaxaco, quien, luego de poner fuera de combate a su rival, se puso de pie y sacó un encendedor de su chamarra, como admitiría después —los otros, que conversaban y compartían bebida, no alcanzaron a ver con precisión de qué se trataba— y prendió fuego al colchón.
A los pocos minutos, sin embargo, surgió un resplandor del colchón y en torno a éste se formó un alboroto de gente que pasaba cerca del lugar.
El cuerpo de El Soldado ardía; algunas personas, a pesar de eso, intentaron apagar el fuego, pero era imposible, pues salían flamas como si le hubiesen rociado gasolina. Los compañeros de parranda llamaron a la ambulancia, pero nada pudieron hacer los paramédicos.
Tres días después, agentes de Investigación de la Procuraduría General de Justicia del DF, "con el fin de darle cumplimiento a la orden de localización y presentación del probable responsable apodado El Oaxaco, nos dimos a la tarea de realizar un operativo pie tierra en el área de frutas y legumbres, en el interior de la Central de Abasto, y al caminar por el contenedor 1 de las bodegas P, logramos ubicarlo…"
Reunidas las pruebas en el expediente —añade el reporte—, "el Ministerio Público determinó consignarlo ante el juez del Reclusorio Preventivo Varonil Sur como presunto responsable del delito de homicidio calificado".
En noviembre de 1982 fue inaugurado sobre 327 hectáreas, en la delegación Iztapalapa, y para dar una idea de la dimensión de este mercado de mayoreo y menudeo, que antes estuvo en La Merced, el Gobierno del DF asegura que representa 51 veces el Zócalo capitalino y que genera un movimiento económico anual de casi 9 mil millones de dólares. Sobre ese espacio de figura exagonal, dice, se mueve cada día un hormiguero de 300 mil personas, entre los cuales transita un puñado de diableros.
Los diableros.
Un mundo aparte.
Desde el amanecer jalan sus carretillas, que alquilan a 20 pesos por jornada, con bultos de mercancías cuyo volumen puede pesar hasta media tonelada, y se mueven ágiles, lanzando silbidos como aviso de que ahí van y abran paso, para lo cual, aseguran, se necesita más maña que fuerza; y muchos de ellos, que apenas ganan un promedio de entre 80 y 100 pesos diarios, rentan cuartuchos en las cercanías de esa construcción proyectada por el arquitecto Abraham Zabludovsky.
En ese submundo, donde no todo es observado por los 700 policías que, asegura la autoridad, se apoyan con tecnología de punta, ocurrió lo que un día tenía que pasar, pues El Oaxaco, de 32 años, ya estaba cansado de que El Soldado, quien, no obstante ser su amigo, cada vez que se reunían a beber y fumar mariguana le restregaba en la cara que no sólo había hecho el amor con una novia suya, sino que ahora lo hacía con la esposa.
Y sucedió en un andén.
Sección de frutas y verduras.
***
El miércoles 1 de febrero, a eso de las 13:00 horas, un grupo de amigos y conocidos, entre los que había carretilleros y un pepenador, se reunieron para degustar tragos y botanas, bajo el puente de la nave S-T de la Central de Abasto, "el mercado mayorista más grande del mundo".
La mayoría aportó una cuota, como siempre, de 20 pesos, mientras otro jaló a comprar lo acordado, y pronto aquello se convirtió en una tertulia a la que también concurrieron algunos que, ciertamente, no cultivaban una gran amistad, o algo parecido, sino simplemente se arrimaron y compartieron el pan, la sal, el trago y, aunque no todos, un carrujo.
Era una convivencia.
Había armonía.
Como siempre.
De repente, sin embargo, dos de los amigos, El Oaxaco y El Soldado, con quienes normalmente se reúnen, comenzaron a pelear, sin dejar de lanzar reclamos, seguidos de uno que otro golpe.
Todo se originó porque El Soldado, quien tenía varios días bebiendo, le volvió a decir a El Oaxaco, hombre de escasa barba, bigotes puntiagudos y carácter agrio, que había tenido relaciones sexuales con su mujer, situación que encorajinó al oriundo de Oaxaca, quien se echó encima del presunto traidor y lo tiró sobre un colchón, donde continuó la embestida, sin ninguna consideración y sin que aquél pudiera incorporarse, por más esfuerzos que hacía, pues traía una borrachera de semanas.
Ahí mismo, sobre la colchoneta, nublado el cerebro por los celos, el alcohol y el humo aspirado del cáñamo índico, El Oaxaco, quien una noche anterior había soportado dichos y bajezas de El Soldado, le aplicó a éste una "llave china", es decir, lo rodeó del cuello y apretó fuerte, y entoncesEl Oaxaco debió sentir los jadeos y estertores de su contrincante, en una pelea ciertamente desigual, pero colmada de ingredientes que uno de los gladiadores dejó que emponzoñaran sus adentros.
Algunos contertulios se alejaron un poco del lugar —otros ya habían emprendido la retirada definitiva— y desde unos 20 metros pudieron observar, no obstante las yerbas que parcialmente obstruían su visión, la forma en que El Oaxaco le arrimaba golpe tras golpe a su rival en amores.
El Oaxaco había acumulado demasiados rencores de horas y días, todo por el amor de una mujer, de modo que los demás pensaron que mejor era abstenerse de interferir, por lo que dejaron correr la reyerta, ahora a prudente trecho, y coincidieron en que los rijosos, como hombres, debían saldar cuentas, y fue así como se convirtieron en meros espectadores.
Pero la cosa se complicó.
Y entonces…
***
La pelea se tornaría corta, es verdad, debido a la fuerza y los puños certeros de El Oaxaco, quien, luego de poner fuera de combate a su rival, se puso de pie y sacó un encendedor de su chamarra, como admitiría después —los otros, que conversaban y compartían bebida, no alcanzaron a ver con precisión de qué se trataba— y prendió fuego al colchón.
A los pocos minutos, sin embargo, surgió un resplandor del colchón y en torno a éste se formó un alboroto de gente que pasaba cerca del lugar.
El cuerpo de El Soldado ardía; algunas personas, a pesar de eso, intentaron apagar el fuego, pero era imposible, pues salían flamas como si le hubiesen rociado gasolina. Los compañeros de parranda llamaron a la ambulancia, pero nada pudieron hacer los paramédicos.
Tres días después, agentes de Investigación de la Procuraduría General de Justicia del DF, "con el fin de darle cumplimiento a la orden de localización y presentación del probable responsable apodado El Oaxaco, nos dimos a la tarea de realizar un operativo pie tierra en el área de frutas y legumbres, en el interior de la Central de Abasto, y al caminar por el contenedor 1 de las bodegas P, logramos ubicarlo…"
Reunidas las pruebas en el expediente —añade el reporte—, "el Ministerio Público determinó consignarlo ante el juez del Reclusorio Preventivo Varonil Sur como presunto responsable del delito de homicidio calificado".
En noviembre de 1982 fue inaugurado sobre 327 hectáreas, en la delegación Iztapalapa, y para dar una idea de la dimensión de este mercado de mayoreo y menudeo, que antes estuvo en La Merced, el Gobierno del DF asegura que representa 51 veces el Zócalo capitalino y que genera un movimiento económico anual de casi 9 mil millones de dólares. Sobre ese espacio de figura exagonal, dice, se mueve cada día un hormiguero de 300 mil personas, entre los cuales transita un puñado de diableros.
Los diableros.
Un mundo aparte.
Desde el amanecer jalan sus carretillas, que alquilan a 20 pesos por jornada, con bultos de mercancías cuyo volumen puede pesar hasta media tonelada, y se mueven ágiles, lanzando silbidos como aviso de que ahí van y abran paso, para lo cual, aseguran, se necesita más maña que fuerza; y muchos de ellos, que apenas ganan un promedio de entre 80 y 100 pesos diarios, rentan cuartuchos en las cercanías de esa construcción proyectada por el arquitecto Abraham Zabludovsky.
En ese submundo, donde no todo es observado por los 700 policías que, asegura la autoridad, se apoyan con tecnología de punta, ocurrió lo que un día tenía que pasar, pues El Oaxaco, de 32 años, ya estaba cansado de que El Soldado, quien, no obstante ser su amigo, cada vez que se reunían a beber y fumar mariguana le restregaba en la cara que no sólo había hecho el amor con una novia suya, sino que ahora lo hacía con la esposa.
Y sucedió en un andén.
Sección de frutas y verduras.
***
El miércoles 1 de febrero, a eso de las 13:00 horas, un grupo de amigos y conocidos, entre los que había carretilleros y un pepenador, se reunieron para degustar tragos y botanas, bajo el puente de la nave S-T de la Central de Abasto, "el mercado mayorista más grande del mundo".
La mayoría aportó una cuota, como siempre, de 20 pesos, mientras otro jaló a comprar lo acordado, y pronto aquello se convirtió en una tertulia a la que también concurrieron algunos que, ciertamente, no cultivaban una gran amistad, o algo parecido, sino simplemente se arrimaron y compartieron el pan, la sal, el trago y, aunque no todos, un carrujo.
Era una convivencia.
Había armonía.
Como siempre.
De repente, sin embargo, dos de los amigos, El Oaxaco y El Soldado, con quienes normalmente se reúnen, comenzaron a pelear, sin dejar de lanzar reclamos, seguidos de uno que otro golpe.
Todo se originó porque El Soldado, quien tenía varios días bebiendo, le volvió a decir a El Oaxaco, hombre de escasa barba, bigotes puntiagudos y carácter agrio, que había tenido relaciones sexuales con su mujer, situación que encorajinó al oriundo de Oaxaca, quien se echó encima del presunto traidor y lo tiró sobre un colchón, donde continuó la embestida, sin ninguna consideración y sin que aquél pudiera incorporarse, por más esfuerzos que hacía, pues traía una borrachera de semanas.
Ahí mismo, sobre la colchoneta, nublado el cerebro por los celos, el alcohol y el humo aspirado del cáñamo índico, El Oaxaco, quien una noche anterior había soportado dichos y bajezas de El Soldado, le aplicó a éste una "llave china", es decir, lo rodeó del cuello y apretó fuerte, y entoncesEl Oaxaco debió sentir los jadeos y estertores de su contrincante, en una pelea ciertamente desigual, pero colmada de ingredientes que uno de los gladiadores dejó que emponzoñaran sus adentros.
Algunos contertulios se alejaron un poco del lugar —otros ya habían emprendido la retirada definitiva— y desde unos 20 metros pudieron observar, no obstante las yerbas que parcialmente obstruían su visión, la forma en que El Oaxaco le arrimaba golpe tras golpe a su rival en amores.
El Oaxaco había acumulado demasiados rencores de horas y días, todo por el amor de una mujer, de modo que los demás pensaron que mejor era abstenerse de interferir, por lo que dejaron correr la reyerta, ahora a prudente trecho, y coincidieron en que los rijosos, como hombres, debían saldar cuentas, y fue así como se convirtieron en meros espectadores.
Pero la cosa se complicó.
Y entonces…
***
La pelea se tornaría corta, es verdad, debido a la fuerza y los puños certeros de El Oaxaco, quien, luego de poner fuera de combate a su rival, se puso de pie y sacó un encendedor de su chamarra, como admitiría después —los otros, que conversaban y compartían bebida, no alcanzaron a ver con precisión de qué se trataba— y prendió fuego al colchón.
A los pocos minutos, sin embargo, surgió un resplandor del colchón y en torno a éste se formó un alboroto de gente que pasaba cerca del lugar.
El cuerpo de El Soldado ardía; algunas personas, a pesar de eso, intentaron apagar el fuego, pero era imposible, pues salían flamas como si le hubiesen rociado gasolina. Los compañeros de parranda llamaron a la ambulancia, pero nada pudieron hacer los paramédicos.
Tres días después, agentes de Investigación de la Procuraduría General de Justicia del DF, "con el fin de darle cumplimiento a la orden de localización y presentación del probable responsable apodado El Oaxaco, nos dimos a la tarea de realizar un operativo pie tierra en el área de frutas y legumbres, en el interior de la Central de Abasto, y al caminar por el contenedor 1 de las bodegas P, logramos ubicarlo…"
Reunidas las pruebas en el expediente —añade el reporte—, "el Ministerio Público determinó consignarlo ante el juez del Reclusorio Preventivo Varonil Sur como presunto responsable del delito de homicidio calificado".
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